El lino es una de las fibras más antiguas que se conocen en el globo, utilizada desde hace más de 34.000 años. Según recoge el Instituto Canario de las Tradiciones, esta materia prima llega a las Islas Canarias a partir de la colonización, en la segunda mitad del siglo XV.
Su cultivo se extiende rápidamente en el archipiélago, tanto para la elaboración de prendas del hogar como de vestimenta. Ya en el siglo XIX comienza su declive debido a la importación de nuevos tejidos más competitivos. Los terrenos dedicados al lino van perdiendo presencia en favor del cultivo de papas y millo.
Pero hasta la década de 1950, en las cumbres de Gran Canaria, especialmente en el eje de Risco Caído, Juncalillo y Barranco Hondo, las familias guardan una parte de sus terrenos cada año para sembrar el lino. Con él elaboran los forros de los colchones, mantas, sábanas, toallas, chaquetas, pantalones, vestidos y demás prendas.
El lino es una materia estrechamente ligada a la vida en el interior de las casas cueva de Gran Canaria. No solo destaca por su belleza natural: es resistente, transpirable y muy duradero. Una vez tejido, no se ve afectado por insectos y es amable con la piel. Además su producción es muy sostenible: se trata de un cultivo de secano que requiere muy poca agua de lluvia y casi nada de riego, en comparación con la gran cantidad de agua que precisan el algodón o la fibra sintética.
“Ajos y lino en Pascua es nacido”, refrán popular
1. Siembra: a finales de noviembre o principios de diciembre se siembran las semillas de lino en un terreno limpio y labrado. Durante unos cien días, los tallos crecerán hasta aproximadamente un metro de altura.
2. Cultivo: Florecen antes de primavera y luego se tornan dorados. En este proceso es importante deshierbar otras plantas que puedan crecer alrededor.
3. Cosecha: una vez tiene el color del oro y las semillas se han vuelto marrones, se arranca la planta entera de la tierra. Es el momento de ponerlo a secar al sol para a continuación separar las semillas de los tallos, asegurando su cultivo antes del invierno siguiente.
4. Maceración: Los tallos se ponen en remojo en agua para ablandarlos durante diez u once días. Antiguamente era habitual trasladar los tallos al mar, debido a la escasez y al alto coste del agua dulce. Esta tarea sucedía en verano, aprovechando el sol para el posterior secado de la fibra.
5. Majado: Una vez se ha reblandecido, es momento de romper el tallo para que las fibras de lino se separen. Este proceso tenía lugar con un mazo de tea hasta que la mata dejaba atrás la cascarilla y quedaba solo la hebra.
6. Gramado: A continuación se pasa por una grama de madera, que antes podía tener cuchillas o clavos en la parte superior. Así se machacan las impurezas y se crea la estopa para ser hilada de forma parecida a la lana.
7. Rastrillo: Se rastrilla la lana con esta herramienta que deja atrás los hilos partidos y permite seleccionar los más largos. La urdimbre solía realizarse con los más grandes, y la trama con los cortos.
8. Coloración o blanqueamiento: Una vez peinadas las hebras de hilo, se procede al blanqueamiento sumergiéndolas en agua hirviendo con cenizas. También era frecuente el tinte con cochinilla e incluso orines para conseguir telas con distintos motivos.
9. Hilado: Con el lino ya preparado, falta hilarlo en una madeja. Como recuerdan quienes vivieron todo este proceso, el lino se hilaba con los dedos humedecidos y se quedaba preparado para introducirlo en el telar.
10. Tejido y acabado: Por fin, el lino llega al telar; los hilos configuran la urdimbre y se preparan lanzaderas para la trama, que diseñarán la forma final del tejido de lino. Una vez elaboradas las piezas, los textiles pueden someterse a procesos de acabado, como teñido, enjuague y secado, para darles la suavidad y durabilidad características.
“La historia del lino siempre la he querido resaltar. Solo lo tenía mi madre, las demás no, porque dicen que daba mucho trabajo, pero mi madre hizo colchones para todas las hijas cuando nos casábamos. Yo llevé dos colchones. Se rellenaban con paja de centeno. Otra gente le ponía pinocha, pero mi madre no le puso pinocha nunca, dicen que criaba pulgas. Mi madre, todos los años, cuando albeábamos la casa, los colchones se sacaban, se lavaban y se llenaban y teníamos colchones nuevos limpios todo el año”.
Pilar. Juncalillo, Gáldar
Elia Verona, Aquellos oficios. Las Palmas de Gran Canaria: Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural. Programa Enseñas Patrimonio. Viceconsejería de Cultura y Patrimonio Cultural. Gobierno de Canarias, 2023.